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“Querer es poder”

Este año de pandemia que afectó en muchos aspectos, también ha significado una luz para muchas personas que, pese a la adversidad, lograron concretar sus objetivos. En este caso involucramos a los estudiantes, algunos de ellos flamantes profesionales que han culminado sus etapas de formación.

En un año de muchas malas noticias en el aspecto sanitario, político económico, laboral, entre otros, hay lugares donde las buenas noticias fueron un motor para hacernos ver la capacidad que tienen tantas mujeres y hombres de este país, quienes pese a las dificultades lograron sus cometidos.

Y como dice la frase, “la educación libera los pueblos”, es la misma la que nos ha liberado de tantos sinsabores, viendo como las ansias del saber han generado esperanzas mediante ejemplos de docentes y estudiantes que emplearon las mil y unas formas para estar presentes en esa conjunción del proceso del saber.

Con serias deficiencias de alcances tecnológicos, como la nula señal telefónica, carencia de acceso al servicio de internet, e incluso la falta de energía eléctrica, muchos alumnos y alumnas han afrontado sus compromisos desempeñándose satisfactoriamente.

El ISFDC Nº 2 de Las Termas fue un espacio que escribió muchas historias de estudiantes que alcanzaron sus objetivos pese a las adversidades. Paula Monteros es una de ellas. La estudiante tuvo que viajar más de treinta y cinco kilómetros para rendir su examen final y recibirse de profesora. Su presentación virtual se concretó gracias a un trabajo mancomunado entre la institución educativa y el CEMIT (Punto Digital) donde se podía hacer uso del servicio informático.



Fueron las redes sociales -las cuales en muchos casos son tan mal usadas- las encargadas de transmitir emociones y motivos de esperanzas. Cientos de historias de sacrificio han podido ser conocidas gracias a ellas. Estudiantes que tuvieron que recorrer kilómetros para acceder a internet, niños y niñas arriba de los techos o de un árbol para tener señal, maestros recorriendo kilómetros y kilómetros para entregar cartillas casa por casa, padres que perdieron sus trabajos y tuvieron que empeñarse para obtener algún dinero para ayudar a sus hijos, entre otras tantas historias.

Pero, lejos de conformarnos destacando el atrevimiento, la osadía, la valentía de nuestros estudiantes, y de romantizar el atraso, la postergación y las deficiencias de nuestro sistema, debemos exigir que el mismo se modifique para ocasionar mayores accesos a las posibilidades de estudiar, porque, pese a que la educación es gratuita, la inclusión todavía está lejos de alcanzar el parámetro normal.

*Por José Domingo Jiménez (h)

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